
EL ARTE ESPIRITUAL ANDINO
En 1979 el antropólogo peruano Juan Núñez del Prado inició una investigación sobre la existencia de especialistas y maestros en el arte espiritual andino. Los encontró y quiso saber los secretos espirituales de estos herederos de los incas, y ahí empezó su discipulado. Hoy, él y su hijo Iván recorren distintos países enseñando las técnicas fundamentales de este arte.
—¿Quiénes conservan, a día de hoy, el legado de los incas?
Juan: Un grupo de comunidades, una especie de nación, que se encuentran en un área relativamente aislada del Perú. Actualmente mi hijo Iván y yo estamos iniciados en dos linajes (líneas de maestros) del arte espiritual andino. Uno es el de los Q’eros; el otro es el de Waskar Inka.
—¿Por qué habéis definido el arte espiritual de los incas como de agricultores por contraposición a las artes marciales?
Iván: Cada una de las tradiciones del mundo tiene un factor de energía en el que se enfoca, y que es lo que la ayuda a desarrollarse. En el caso de los andinos nunca desarrollaron las artes de la guerra, ni la escritura, ni las matemáticas, pero llegaron de otra forma a tener una enorme sofisticación. A lo largo del tiempo desarrollaron una serie de formas y sofisticadas técnicas para conectarse con la energía y manejarla. Una profunda conexión con la Pachamama, la Madre Tierra, es característica de la tradición andina.
Juan: Los Andes tienen un contexto religioso, por supuesto, pero también unas prácticas que facilitan la movilización de una energía básica, que nosotros llamamos kausay, que por lo que entendemos es, en quechua (el idioma de los incas), lo mismo que el chi. El objetivo es el desarrollo de la consciencia humana.
“Las prácticas producen un reflejo en tu estado personal, lo que conduce a una amplificación de dos cosas: tu conciencia y tu poder personal, entendido como tu capacidad de hacer cosas.
—En estas prácticas el concepto de la vida como algo sagrado parece ser importante…
J: El centro del trabajo con nuestros alumnos es kausay, que significa esencialmente ‘sagrado’. Se trata de la vida en sí misma, una energía viviente que al mismo tiempo es personal e inteligente.
—Decís que esta energía que de algún modo el individuo canaliza se encuentra con una semilla que hay dentro. ¿Cómo es el encuentro entre estos dos factores?
I: Para empezar, la tradición nos cuenta que el Universo es kausay pacha; ‘pacha’ quiere decir ‘cosmos’. Esta definición nos muestra que todo el Universo está definido como viviente. En cierta forma todas las cosas en la realidad, no solamente los seres humanos y animales sino también las plantas, las montañas o los ríos tienen energía, y la emanan. Esto hace que haya una enorme cantidad de energía viviente a nuestro alrededor; estamos prácticamente sumergidos en ella.

“Por otra parte, cada uno de nosotros llega a este mundo con lo que llamamos una semilla de inka, que es todo el potencial, toda la información que se requiere para desarrollar un ser humano hasta el final. Para que esta semilla florezca hay que hacerle llegar la energía del cosmos; esto se logra haciendo que dicha energía fluya a través de nosotros. Entonces empezará un proceso de crecimiento, de evolución natural, que nos conducirá a expresar lo que son probablemente las más altas cualidades humanas, sin ningún esfuerzo.
A lo largo de 13 páginas hablamos acerca de las claves fundamentales del arte espiritual andino y su aplicación. Puedes leer este contenido íntegro en el número 91 de la Revista Athanor (enero - febrero 2012).
Foto: Los entrevistados Juan Núñez del Prado (derecha) e Iván Núñez del Prado (izquierda).
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